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JULIO  - ¿PUEDE LA EMPATÍA PROTEGERNOS DEL CORONAVIRUS? por el Dr. Eric Roth U.


¿PUEDE LA EMPATÍA PROTEGERNOS DEL CORONAVIRUS? por el Dr. Eric Roth U.

Los grandes males como el COVID-19 y las catástrofes naturales que amenazan a la humanidad y en consecuencia a las personas, provocan comprensibles reacciones de miedo porque están rodeadas de incertidumbre y acompañadas de preguntas sin respuestas claras y precisas. El miedo por lo general nos lleva a ejecutar acciones defensivas muy curiosas, que van desde actos inverosímiles como la compra compulsiva, hasta la negación de la realidad, como cuando afirmamos que el problema simplemente no existe. En tales circunstancias solemos adoptar medidas individualistas para blindarnos personalmente a nosotros mismos y a lo nuestro, incluso a expensas del resto de los mortales. En otras palabras, buscamos la supervivencia comportándonos de manera típicamente egoísta.

Cabría preguntarnos si siendo egoístas podemos enfrentar esta crisis de mejor manera. Yo creo que podemos ensayar una alternativa: la empatía. Veamos cómo podemos contribuir a nuestra propia seguridad y la de los nuestros, ensayando el comportamiento empático. La empatía es una capacidad que nos permite responder cognitiva y emocionalmente a las señales emergentes de la miseria humana, del dolor del otro (aunque también de su gozo y felicidad). Es por lo tanto una base sólida de la moralidad humana y una expresión antagónica al egoísmo. La persona empática se da cuenta muy rápidamente que una persona sufre, y sufre con ella (se preocupa por su sufrimiento). Pero no solo eso, la pena ajena, que ahora también es suya, lo mueve a actuar para dar fin al sufrimiento de la otra persona. 

Ahora bien, es evidente que la pandemia trae dolor a mucha gente: al enfermo que es amenazado con la muerte; a su familia que teme lo peor; al personal de salud que convive con el sufrimiento y la muerte; quien por efecto de la cuarentena pierde su fuente de trabajo y pone en riesgo su futuro; a quien por efecto del aislamiento no puede alimentar a su familia, etc. Esta enfermedad es origen de miseria y sufrimiento y por lo mismo, es circunstancia propicia para comportarse empáticamente. 

Pero ¿cómo es que siendo empáticos podemos también protegernos a nosotros mismos? Veamos un ejemplo: todos sabemos que la contención de la enfermedad depende en cierto sentido del aislamiento (o distanciamiento) social, del quedarse en casa. Pero sabemos también que hay gente que no puede hacerlo, que es preciso que salga para asegurar el sustento familiar diario. Al hacerlo, es probable que adquiera la enfermedad y contagie también a su familia a muchos de su entorno inmediato. También sabemos que mientras más personas se enfermen, nosotros mismos corremos mayores riesgos de contagiarnos y de morir; mientras más enfermos estén cerca, el riesgo aumenta exponencialmente. 

En estas circunstancias, si hacemos el esfuerzo de darnos cuenta del sufrimiento y sacrificio de toda esta gente que está muy cerca nuestro; es decir, si nos hacemos cargo de su problema y podemos experimentar genuinamente preocupación por su situación, muy probablemente buscaremos una forma para ayudarlos. Y al hacerlo, tal vez evitaremos que se arriesgue fuera de su vivienda y promoveremos su seguridad y la de su familia y con ello, también a la propia. 

Actuando así, podemos prevenir el mal mayor sin ejercer, en primera instancia, acciones de protección individual de tipo excluyente, sino que lo hacemos pensando también en el otro, doliéndonos de su desgracia y facilitando su aislamiento preventivo. Entender que tu bienestar depende principalmente del bienestar de los otros, no solo te lleva a actuar moralmente, sino que permitiría que esta pesadilla que vivimos todos pueda ser atenuada sin pensar exclusivamente en nosotros mismos.

Pero, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestra empatía?

1. Identifica un tipo de persona que se considere de mayor vulnerabilidad. Por ejemplo, el personal de servicio de un hospital y piensa en los problemas a los que se expone en medio de la pandemia. Identifica esos problemas y anticipa sus peligros para dichas personas y sus familias.

2. Ahora haz de cuenta que una de ellas es una persona muy próxima a ti; una hija, un hermano, una madre.

3. Luego imagínate a esta persona teniendo que trabajar cerca a los enfermos de coronavirus sin los implementos mínimos de bioseguridad, y siente su angustia al tener que llegar a su casa donde la esperan sus seres queridos después de una jornada de 12 horas, con la duda de ser portadora de la enfermedad.

4. Piensa entonces, no en lo que debe hacer el gobierno para contribuir a resolver este problema, sino en lo que TÚ podrías y deberías hacer para atenuar su riesgo.

5. Finalmente piensa en un plan y ponte manos a la obra.  

La Paz, 17 de junio del 2020



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