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OCTUBRE  - Un estudio da cuenta de la experiencia de vivir con VIH en jóvenes en situación de calle








Un estudio da cuenta de la experiencia de vivir con VIH en jóvenes en situación de calle

El Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento (IICC) publicó dos investigaciones, una de ellas da cuenta de la experiencia de vivir con VIH en jóvenes en situación de calle, en las ciudades de La Paz y El Alto. Ambos textos, “Dossier de investigación Vivir solo o morir acompañado” y “Podemos dejar la calle ¿pero la calle nos dejará a nosotros?”, fueron presentados por la Coordinadora del IICC, Marcela Losantos Velasco, en la Unidad Académica Regional La Paz, de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, a la comunidad universitaria, representantes que trabajan en instituciones de salud pública, a educadores de calle y a adolescentes y jóvenes con experiencia de vida en calle.


Explicó que el “Dossier de investigación Vivir solo o morir acompañado”, entre otros, se propuso identificar los obstáculos del derecho a la atención gratuita y con calidad de los jóvenes que viven con VIH/SIDA, y proponer recomendaciones a los diferentes actores relevantes. 


El estudio concluye que hay poco presupuesto para actividades de prevención del VIH; las actividades preventivas no toman en cuenta las características sociodemográficas de los adolescentes y jóvenes en situación de calle; muchos de los jóvenes afectados no acuden a los centros de salud para recibir el tratamiento porque sienten que son discriminados por los funcionarios; existen falencias en el sistema de protección de adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad; la centralización de insumos para el diagnóstico y el tratamiento puede fácilmente desmotivar al paciente a iniciar o continuar con el procedimiento.


También concluye que los jóvenes en situación de calle diagnosticados con VIH piden apoyo psicológico, programas integrales que además de brindarles atención gratuita, cuenten con áreas médica, psicológica, nutricional y de trabajo social.


Respecto a la calidad de atención ofrecida, continúa, esta no cumple con estándares requeridos para jóvenes que viven con el mal; esta población suele subvalorar su vida y normalizar el diagnóstico, reduciendo la probabilidad de asumir el tratamiento; muchas veces esta población llega a los centros de salud bajo efectos del alcohol y drogas ilegales, lo que genera rechazo de los funcionarios de salud; los jóvenes afectados tienen poco acceso a recursos económicos.


Por último, esta población propone que se apruebe un seguro como el que hay para embarazadas, niños, niñas, etc. Identifica que la coordinación entre las instituciones que trabajan con ellos es débil y que dependen de una comunicación eventual, en los hechos no está institucionalizado. Los funcionarios de salud ven a los educadores de calle como un recurso clave en el proceso de seguimiento y apoyo a la adherencia al tratamiento de esta población.


El segundo texto, “Podemos dejar la calle ¿pero la calle nos dejará a nosotros?”, no formula conclusiones pero sí reflexiones; una de las principales señala que la permanencia de los niños en situación de calle es una responsabilidad compartida, los académicos en lugar de escucharlos los estigmatizan, debilitan y, en el peor de los casos, maltratan; policías y funcionarios que los agreden, legisladores y autoridades con poder de decisión que los ignoran, y ciudadanos en general que los rechazan y discriminan por su pasado o presente en la calle.

La Paz 15 de diciembre de 2017




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